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14 de julio de 2011

Nuevo modelo de participación política para jóvenes


Construir con la juventud es abrir la posibilidad de romper el ciclo de reproducción de la pobreza en nuestro país, así como de construir una cultura más democrática, donde el quehacer político puede ser más incluyente y profesional.

Ese trabajo conjunto con las personas jóvenes nos obliga a una reflexión sobre los mecanismos que puedan reducir la enorme brecha que existe entre ellas y los partidos políticos. Tres puntos me resultan claves al respecto de las nuevas posibilidades que un partido puede ofrecer para modificar la dinámica de interacción entre juventud y política:

1. Es fundamental para una organización juvenil partidista poder discutir y decidir sus propias posiciones. Es el caso de las juventudes del Partido del Trabajo en Brasil, de las Juventudes Socialdemócratas Españolas y de las juventudes del Partido Socialdemócrata de Alemania, por citar algunos ejemplos.

Mantener posiciones propias es garantizar que el partido realmente represente a los ciudadanos, incluso legitimar al partido como una institución abierta a la sociedad.

2. Una perspectiva juvenil en el proceso de toma de decisiones implica evaluar el impacto que estas tienen en el sector, lo cual sólo se logra mediante la participación autónoma de las y los jóvenes.

En el caso del PT de Brasil, una de las demandas que ha tenido mayor impacto es la creación de espacios de participación, órganos de gestión y demás canales institucionales que permitan la participación colaborativa.

3. Generar mecanismos de alternancia, democratización de la información, transparencia y estímulo de la confianza mediante redes, lo que permite horizontalidad, descentralización y delegación por resultados.

Las formas tradicionales de institucionalidad, basadas en las relaciones jerárquicas, han perdido funcionalidad, más aún en las organizaciones juveniles. Paralelamente, existe una institucionalidad emergente, que nos presenta la oportunidad de acompañar la formación de redes juveniles autónomas y creativas que constituyan espacios de pluralidad, diálogo y respeto; el caso de Intequórum en Perú, a pesar de no ser una organización partidista, es una caso paradigmático al respecto.

            Cualquier partido político que pretenda enarbolar un cambio está obligado a mirar en sus estructuras juveniles, donde realmente pueden convocar a los actores idóneos de cualquier transformación.

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